Las desigualdades invisibles en la cobertura de salud de la mujer

Los estudios sociomédicos han fijado recientemente la mirada hacia la dinámica familiar y sobretodo al análisis de género. Entre una de estas actividades dentro del hogar, se observa que histórica y antropológicamente la alimentación ha tenido una “connotación femenina” y, como consecuencia, se ha puesto en manifiesto el importante papel de las mujeres en el funcionamiento del núcleo social (1).

Tradicionalmente, los estudios poblacionales-nutricionales se hacían de manera general, sin embargo, debido a temáticas como la lactancia, la ablactación, el destete y la alimentación infantil, se ha iniciado con la diferenciación de las mujeres. Esta diferenciación las ha relacionado particularmente con su rol reproductor. De madres, más que de mujeres como tal. Franco Basaglia concuerda con esta percepción en su frase: “seres para otros y sustento para otros”,  ya que la mujer se asume es quien nutre y/o alimenta a los demás miembros dentro de su esfera doméstica (2).

Investigaciones realizadas en 1988 encontraron que el 14% de las mujeres en edades reproductivas tenían un grado de anemia y esto se relacionaba directamente con los principales problemas perinatales y con la salud de los neonatos. Con este tipo de datos estadísticos, es que los programas de salud han justificado su visión de la mujer como intermediaria entre los servicios de salud y el hogar, o bien como promotora responsable de la educación nutricional familiar. En pocas palabras, la mujer ha sido considerada como un medio mas que como una destinataria final. De lo anterior se desprende la necesidad de complementar el enfoque actual reproductivo-materno de los programas de salud y concientizar sobre su intervención, cada vez más frecuente y económicamente activa, en la sociedad moderna (3).

Entonces, ¿qué pasa con la cobertura de salud de las mujeres cuando sus requerimientos no se relacionan estrictamente con la maternidad? ¿Tienen éstas la misma prioridad en la atención?

Desde una perspectiva económica, si bien las mujeres participan cada vez más en el sector remunerado, aún existe segregación basada en el sexo en todas las áreas geográficas. Las mujeres son quienes más concentran empleos informales, irregulares y de baja calidad. Las mujeres en la economía informal también son más susceptibles a riesgos de salud por falta de seguridad social (por ejemplo, solamente el 23% del personal doméstico tiene acceso) e incluso son estadísticamente cada vez más propensas a contraer VIH/SIDA. Por si fuera poco, las mujeres se encuentran generalmente menos protegidas por las pensiones de vejez debido a sus cortas trayectorias laborales, salarios más bajos y, como ya se mencionó, por su presencia constante en la informalidad (4).

Si bien las condiciones biológicas son inherentes a la anatomía de la mujer, las condiciones sociales y culturales se relacionan con sus oportunidades de acceder a una vida mejor; pudiendo ser el fenómeno alimentario y de salud un apoyo en el cambio de la imagen ancestral de la figura femenina para impulsarla en su desarrollo económico y profesional.

Es un hecho que las mujeres han luchado durante décadas por ganarse un lugar más influyente en la estructura social. Ya no quieren ser sólo amas de casa, están ansiosas por salir al mundo y por convertirse en tomadoras de decisiones bajo condiciones equitativas. Sin embargo, termina siendo crítico romper con algunos estigmas y estereotipos sociales como el de la “super mujer” y construir un balance entre las responsabilidades del hogar y aquellos nuevos retos que se desean afrontar. Esto sugiere un cambio en la dinámica familiar: hombres y mujeres tendrán que empezar a colaborar juntos en las tareas del hogar para lograr una armonía familiar que les ayude a integrarse en la economía formal.

En síntesis, todas las políticas de salud generadas deben considerar el alto grado de vulnerabilidad de la mujer y contemplar su atención/acceso en toda su expresión. Además, desde el punto de vista sociológico, se debe sistemáticamente continuar con el fomento de la igualdad entre hombres y mujeres para una constitución familiar realmente moderna.

¿De qué manera creen ustedes que podemos empezar a permear una cultura de equidad de género en el ámbito familiar, laboral, político?

Por: Fernanda Aldrette

Referencias:

(1) http://www.ufrgs.br/weaa/files/2013/09/2005-M%C3%A9ndez-y-Benito-Sociologia-y-Alimentaci%C3%B3n1.pdf
(2) http://www.uam.mx/difusion/revista/dic2000/perez.html
(3) http://bvs.insp.mx/rsp/articulos/articulo.php?id=002095
(4) http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@dgreports/@gender/documents/publication/wcms_097015.pdf