Las desigualdades invisibles en la cobertura de salud de la mujer

Los estudios sociomédicos han fijado recientemente la mirada hacia la dinámica familiar y sobretodo al análisis de género. Entre una de estas actividades dentro del hogar, se observa que histórica y antropológicamente la alimentación ha tenido una “connotación femenina” y, como consecuencia, se ha puesto en manifiesto el importante papel de las mujeres en el funcionamiento del núcleo social (1).

Tradicionalmente, los estudios poblacionales-nutricionales se hacían de manera general, sin embargo, debido a temáticas como la lactancia, la ablactación, el destete y la alimentación infantil, se ha iniciado con la diferenciación de las mujeres. Esta diferenciación las ha relacionado particularmente con su rol reproductor. De madres, más que de mujeres como tal. Franco Basaglia concuerda con esta percepción en su frase: “seres para otros y sustento para otros”,  ya que la mujer se asume es quien nutre y/o alimenta a los demás miembros dentro de su esfera doméstica (2).

Investigaciones realizadas en 1988 encontraron que el 14% de las mujeres en edades reproductivas tenían un grado de anemia y esto se relacionaba directamente con los principales problemas perinatales y con la salud de los neonatos. Con este tipo de datos estadísticos, es que los programas de salud han justificado su visión de la mujer como intermediaria entre los servicios de salud y el hogar, o bien como promotora responsable de la educación nutricional familiar. En pocas palabras, la mujer ha sido considerada como un medio mas que como una destinataria final. De lo anterior se desprende la necesidad de complementar el enfoque actual reproductivo-materno de los programas de salud y concientizar sobre su intervención, cada vez más frecuente y económicamente activa, en la sociedad moderna (3).

Entonces, ¿qué pasa con la cobertura de salud de las mujeres cuando sus requerimientos no se relacionan estrictamente con la maternidad? ¿Tienen éstas la misma prioridad en la atención?

Desde una perspectiva económica, si bien las mujeres participan cada vez más en el sector remunerado, aún existe segregación basada en el sexo en todas las áreas geográficas. Las mujeres son quienes más concentran empleos informales, irregulares y de baja calidad. Las mujeres en la economía informal también son más susceptibles a riesgos de salud por falta de seguridad social (por ejemplo, solamente el 23% del personal doméstico tiene acceso) e incluso son estadísticamente cada vez más propensas a contraer VIH/SIDA. Por si fuera poco, las mujeres se encuentran generalmente menos protegidas por las pensiones de vejez debido a sus cortas trayectorias laborales, salarios más bajos y, como ya se mencionó, por su presencia constante en la informalidad (4).

Si bien las condiciones biológicas son inherentes a la anatomía de la mujer, las condiciones sociales y culturales se relacionan con sus oportunidades de acceder a una vida mejor; pudiendo ser el fenómeno alimentario y de salud un apoyo en el cambio de la imagen ancestral de la figura femenina para impulsarla en su desarrollo económico y profesional.

Es un hecho que las mujeres han luchado durante décadas por ganarse un lugar más influyente en la estructura social. Ya no quieren ser sólo amas de casa, están ansiosas por salir al mundo y por convertirse en tomadoras de decisiones bajo condiciones equitativas. Sin embargo, termina siendo crítico romper con algunos estigmas y estereotipos sociales como el de la “super mujer” y construir un balance entre las responsabilidades del hogar y aquellos nuevos retos que se desean afrontar. Esto sugiere un cambio en la dinámica familiar: hombres y mujeres tendrán que empezar a colaborar juntos en las tareas del hogar para lograr una armonía familiar que les ayude a integrarse en la economía formal.

En síntesis, todas las políticas de salud generadas deben considerar el alto grado de vulnerabilidad de la mujer y contemplar su atención/acceso en toda su expresión. Además, desde el punto de vista sociológico, se debe sistemáticamente continuar con el fomento de la igualdad entre hombres y mujeres para una constitución familiar realmente moderna.

¿De qué manera creen ustedes que podemos empezar a permear una cultura de equidad de género en el ámbito familiar, laboral, político?

Por: Fernanda Aldrette

Referencias:

(1) http://www.ufrgs.br/weaa/files/2013/09/2005-M%C3%A9ndez-y-Benito-Sociologia-y-Alimentaci%C3%B3n1.pdf
(2) http://www.uam.mx/difusion/revista/dic2000/perez.html
(3) http://bvs.insp.mx/rsp/articulos/articulo.php?id=002095
(4) http://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/@dgreports/@gender/documents/publication/wcms_097015.pdf

Medicamentos: ¿Para las personas o para hacer dinero?

Considerando el principal objetivo de la medicina -curar, aliviar el dolor, y procurar la salud del paciente (1)- en este artículo pretendo evaluar los principales conflictos de interés que se presentan en el sector farmacéutico cuando se manipula o se aleja de aquel fin primario.

La investigación farmacéutica tiene como propósito el descubrir y producir medicamentos e insumos esenciales para preservar la salud, además de resultar estratégica en la generación de conocimiento. No es raro escuchar que el farmacéutico es uno de lo sectores económicamente más importantes a nivel global y el segundo en México, después del automotriz (2). Sin embargo, a lo largo del tiempo se ha criticado fuertemente la canalización de recursos para i+D+i en medicamentos e instrumentos biomédicos que han sido usualmente focalizados en enfermedades crónico-degenerativas y recientemente en la introducción de fármacos “huérfanos” a través de la vía legal.

A nivel mundial, tan solo el 10% de los fondos de investigación son dirigidos a las enfermedades que abarcan el 90% de la carga mundial de morbilidad (SIDA, malaria, tuberculosis, enfermedades tropicales, entre otras) (3). A esto se le conoce como la brecha 10/90 y resulta muy preocupante ya que el 90% de los fondos restantes se asignan a necesidades de salud de los países industrializados (lo que representa solamente un 10% de la carga global de mortalidad prematura) (4).

Ahora bien, sobre la mesa los 3 principales conflictos de interés que también pueden ser considerados como dilemas éticos por aquellas acciones que afectan a la dignidad humana:

1. Medicamentos: redituables vs. no redituables

Los medicamentos esenciales son aquellos que cubren las necesidades prioritarias de atención en salud de una población y generalmente se pueden consumir a precios asequibles. Pero, ¿sabías que 10 millones de personas mueren cada año simplemente por falta de acceso a medicamentos esenciales y que el 93% de la carga mundial de mortalidad que puede ser prevenible se encuentra en los países en vías de desarrollo (PMDs)? (3) Anualmente, se gasta 200 veces más en investigación para atender a los países de “primer mundo” -con mayor consumo promedio por persona- que en herramientas para garantizar disposición de fármacos en el resto de naciones. Como dato, el consumo anual per cápita de países desarrollados se estima en más de 50 dólares, mientras que el de los PMDs llega solamente a 6 dólares al año (5).

Debido a que las investigaciones se financian en su mayoría por utilidades del mundo desarrollado, no es raro que éstas se centren en sus principales problemas sanitarios. Esto sin duda trae para los PMDs una desventaja competitiva en términos de redituabilidad en la industria, siendo necesario establecer políticas nacionales que reduzcan los gastos de medicamentos basados en la selección racional, uso de genéricos y producción interna. Además, es urgente crear regulaciones eficientes para la actividad farmacéutica que favorezca los intereses de los PMDs y no que busquen pelear “batallas imposibles de ganar”.

2. Fármacos: huérfanos vs. masivos

En épocas pasadas, el mercado de fármacos “huérfanos” para atender enfermedades raras no resultaba tan atractivo económicamente, al suponer consumos bajos. Pero, por medio de caminos judiciales y amparos ante los gobiernos, estos pacientes han logrado subsidiar los elevados precios de los medicamentos (desde $250,000 hasta $500,000 pesos mensuales) y han “mantenido” el mercado (6).

En México, el gasto público anual destinado a este tipo de medicamentos ronda los $1,200 millones de pesos mexicanos, esto cubre el tratamiento de aproximadamente 400 personas y equivale al costo del tratamiento de insulina de todas las personas que viven con Diabetes en el país (6).

Lo que resulta tan controversial entorno al tema, es que ya empiezan a hacerse presentes distintos grupos minoritarios como los que padecen Diabetes tipo I, exigiendo que el gobierno también cubra los costos de su tratamiento. Esto resulta ser un gran inconveniente en materia de salud pública, ya que el gobierno tendrá que definir de manera estratégica sus prioridades de gasto en salud y al mismo tiempo garantizar un marco judicial que sea verdaderamente justo para todos.

3. Patentes: negocio vs. salud

El análisis sobre la creación de patentes por el descubrimiento de nuevos medicamentos es un arma de doble filo para el sector salud. Por un lado se intenta reforzar la propiedad intelectual y la competencia justa, pero por el otro se induce a la monopolización y capitalización de las grandes transnacionales y su reflejo en los altos precios para los consumidores. Esto se debe, en gran medida, a que la duración de una patente de este tipo en la mayoría de países es en promedio de 20 años, y el tiempo que transcurre entre la presentación de una solicitud de patente y la aprobación para la venta de un nuevo medicamento, puede ser de hasta 12 años. Como en teoría, el tiempo para recuperar la inversión quedaría reducido a 8 años, la industria farmacéutica “asume” costos iniciales de 500 o a 1,000 millones de dólares, y por “consecuencia lógica”, incrementa los precios de salida al mercado para recuperar al máximo su inversión (7).

En resumen, los conflictos de interés que se presentan en la industria representan todavía grandes retos para el sector salud en su lucha por la equidad. Por lo tanto, la regla es seguir trabajando en la generación de conciencia y la promoción de consensos a través de mecanismos que fomenten: la priorización de necesidades en salud, el acceso universal a medicamentos esenciales, y su correlación ajustada con la inversión en i+D+i.  Al mismo tiempo, tenemos que desarrollar políticas nacionales que induzcan a financiamientos sostenibles (e.g. la creación de un fondo de inversión público-privada que mejore la capacidad, liquidez y riqueza en portafolios para las instituciones dedicadas a investigación).

¿Y tú qué propones para mediar los conflictos de interés y lograr así la equidad en salud?

Por: Fernanda Aldrette

Referencias:

(1) http://www.medwave.cl/link.cgi/Medwave/Revisiones/Analisis/5443
(2) http://www.amiif.org/nosotros.html
(3) http://www.who.int/macrohealth/newsletter/11/es/
(4) http://www.unesco.org.uy/shs/red-bioetica/fileadmin/shs/redbioetica/Revista_10/Art8-Pinto-R10.pdf
(5) http://revistas.bancomext.gob.mx/rce/magazines/223/7/RCE7.pdf
(6) http://eleconomista.com.mx/columnas/salud-negocios/2015/09/27/farmacos-mas-caros-mundo-generan-dilemas-eticos#comment-561407
(7) http://www.ejournal.unam.mx/rfm/no52-6/RFM052000605.pdf

Es posible blindar al mundo de la Diabetes

El 16 de noviembre se conmemora el día mundial de la Diabetes (1), instaurado en 1991 con el fin de concientizar de manera global sobre la enfermedad. Y conviviendo día a día con ella, no quería dejar pasar la oportunidad de ser una promotora más de la causa -y es que la incidencia de la Diabetes no solamente ha aumentado a nivel mundial sino que ya está presente aquí mismo, en nuestra comunidad-.

Se estima que tan sólo en el Estado de Nuevo León, hay poco más de 600,000 personas con Diabetes, de las cuales un 70% no recibe el tratamiento adecuado, según mencionó el Dr. Jesús Zacarías Villarreal -ex titular de la Secretaría de Salud del Estado- (2). Esto deriva en un aumento significativo de complicaciones de salud como nefropatías, neuropatías, retinopatías, y cardiopatías. Además, de acuerdo a un estudio sobre los costos de la Diabetes elaborado por el Instituto Nacional de Salud Pública (3), en México el 51% de los costos totales de estas complicaciones se ve reflejado directamente en el bolsillo del paciente y el 49% restante se distribuye entre las instituciones de seguridad social y organizaciones para no asegurados.

En este marco, existen diferentes organizaciones como la Federación Internacional de Diabetes y Clínicas del Azúcar, por mencionar a algunas, que desempeñan un papel fundamental, aunque únicamente complementario, en disminuir el impacto de la Diabetes en México y en el mundo. Todos estos agentes, realizan y promueven distintos cuestionamientos entorno a las políticas adoptadas para regular el mercado de azúcares simples vs. la concientización de las personas en su consumo diario. Pero, ¿son los pacientes realmente conscientes de lo que implica haber sido diagnosticado con Diabetes? ¿Qué tan fácil resulta una modificación conductual?

Al parecer, el sistema de salud está realmente preocupado por abordar el tema, sin embargo, esa preocupación no se ha logrado transmitir de manera correcta al paciente, ya que las acciones de promoción realizadas se quedan en un nivel básico y alarman pero no empoderan. Hay un déficit en las herramientas proporcionadas para que el paciente pueda llegar a sus metas de control, y se incide contra-intuitivamente a que éste entre en un estado de negación al no sentirse capaz de hacerse cargo de la enfermedad.

Entorno a estas reflexiones fue que en conjunto con la organización Cáritas de Monterrey, decidimos desarrollar el programa llamado “Promotoras de Salud en Diabetes”. Con la premisa de que los cambios en el estilo de vida, durante etapas tempranas de una enfermedad, son la mejor manera de prevenir complicaciones, agregamos otro factor social que consideramos fundamental: el rol histórico de la mujer como “enfermera de la sociedad”, como líder transformador de las comunidades, y como catalizador para innovar nuestras intervenciones. A continuación les mencionaré algunos puntos clave:

  • Capacitamos a más de 50 mujeres de comunidades con necesidades muy específicas de acceso a la salud, a fin de que ellas realizaran detecciones oportunas de la enfermedad, seguimiento a pacientes, detección de complicaciones, y educación en Diabetes y nutrición.
  • Se creó un modelo de sostenibilidad para asegurar la continuidad del programa. Éste fue orientado a ofrecerles un trabajo remunerado que al mismo tiempo las mantuviera motivadas a seguir ofreciendo sus servicios a la comunidad.
  • Se visualizó una intervención holística que incluyera un análisis de las diferentes variables de desarrollo como educación, infraestructura, economía y medio ambiente. En este programa fue para nosotros un reto la evaluación del 20% de nuestras promotoras al tener distintos rezagos educativos. Además, tuvimos que capacitar al 100% de nuestras promotoras en habilidades para el trabajo y finanzas personales por ser mujeres que nunca antes habían trabajado fuera de las actividades domésticas.

¿Y cuál es el impacto esperado de este proyecto?

Hagamos cuentas, si cada año capacitamos a 500 promotoras en distintas comunidades y cada promotora atiende alrededor de 100 personas diferentes al año, estamos hablando de un impacto a dos años de 100,000 personas con Diabetes, así que en poco más de 10 años tendríamos virtualmente blindado a Nuevo León. Ahora bien, ¿se imaginan replicar este modelo en todo México?

Necesitamos definitivamente empezar a desarrollar proyectos con visión a largo plazo debido a que los cambios, para que sean significativos y duraderos, tienen que tener como común denominador acciones estratégicas, consistentes y, sobretodo, perdurables. Para ello necesitamos despolitizar la salud. ¿Seremos capaces algún día de reconocer que necesitamos de los demás para lograr grandes cambios? ¿Entenderemos que no se trata de quién tuvo la idea inicial sino de cuántos contribuimos para llegar a la solución? Una frase de Muhammad Yunus dice:

“La pobreza no la crea la gente pobre. Ésta es producto del sistema que hemos creado, por ende hay que cambiar los modelos y conceptos rígidos de nuestra sociedad.”

Si realmente queremos perpetuar la vida humana necesitamos trabajar en mejorar la salud de las personas y buscar soluciones integrales. Para el caso específico de la Diabetes, necesitamos atender este problema comprendiendo sus variables económicas, educativas, culturales y medioambientales.

Como ya les había comentado antes, la esencia de #ConstruyeSalud es esto, compartir nuestros conocimientos, nuestros aprendizajes y nuestras ideas. Si alguien tiene una manera distinta de decirnos cómo es que está mejorando la vida de personas, siéntanse con la confianza de aprovechar este foro para compartir, los buenos mensajes deberían de estarse replicando en todas partes.

Por: Fernanda Aldrette

Referencias:

(1) http://www.fundaciondiabetes.org/diamundial/328/que-es-el-dia-mundial-de-la-diabetes
(2) http://www.sdpnoticias.com/local/nuevo-leon/2013/11/14/padece-diabetes-15-de-la-poblacion-en-nuevo-leon
(3) http://www.ispor.org/consortiums/latinamerica/documents/ViH/Costos-de-la-Diabetes-en-America-Latina.pdf

La salud como indicador clave de movilidad social

El concepto de movilidad social está relacionado a la teoría de las clases sociales y a la meritocracia. Analiza los desplazamientos que realizan los seres humanos en una sociedad. Estos pueden ser desplazamientos tanto horizontales como verticales. En este artículo nos enfocaremos en el desplazamiento vertical que tiene que ver con el nivel socioeconómico de los seres humanos y el cómo la salud influye de manera muy importante en estos cambios de posición social.

El discutir y analizar estos temas se vuelve relevante cuando buscamos igualdad de oportunidades y condiciones de competencia suficientes, para causar movilidad en término de realizaciones socio-económicas pero, sobretodo, evitar que dichas condiciones se hereden a futuras generaciones.

Dicho de otro modo, se busca que el éxito personal no sea resultado de características físicas como la raza, el color, la posición social, etc., y que todas las personas cuenten con las herramientas suficientes -educación, salud, acceso créditos, vivienda digna, entre otras- para competir en igualdad de condiciones.

¿Por qué es importante considerar la salud para lograr una movilidad social ascendente?

En el contexto antes descrito, es particularmente importante analizar el indicador de gasto en salud efectuado por nuestros gobiernos. El escaso gasto por enfermedad puede ser una de las principales causas de pobreza en los adultos mayores, que al no tener un seguro social que pueda garantizarles una atención de calidad y medicamentos disponibles acorde a sus necesidades, son más propensos a movimientos descendentes.

Por otro lado, algunos estudios realizados por la OCDE sugieren, por ejemplo, que el aumento del gasto en atención a la Salud ha contribuido a mejorar la esperanza de vida de las poblaciones y que es posible lograr avances importantes si además se hace énfasis en estrategias de salud pública y en la prevención de enfermedades para grupos desfavorecidos.

Al día de hoy, se conoce en general que las enfermedades no atendidas pueden contribuir al empobrecimiento y al estancamiento social de las clases más vulnerables, sencillamente porque la intersección de condiciones y afecciones les impide ser productivos. En el caso de los niños, la poca inversión puede disminuir la eficacia del proceso educativo y reducir sus oportunidades de tener una vida adulta provechosa (la desnutrición infantil, por ejemplo, ocasiona una merma muy importante en el desarrollo del niño que puede incidir en la reducción de casi la mitad de su potencial).

Como evidencia complementaria, en el año 2000, la Comisión Nacional sobre Macroeconomía y Salud demostró que las inversiones en salud podían acelerar el desarrollo económico neto y, en consecuencia, la movilidad social ascendente. Las enfermedades graves se observaron como causantes directas del empobrecimiento de las familias; que al dejar de recibir ingresos, en muchos casos vendían sus bienes para cubrir los costos del tratamiento. Se confirmó además, que en los países en los que la población tenía mala salud y bajo nivel educativo, era más difícil lograr un crecimiento económico sostenible.

En síntesis, debe procurarse que los países se esfuercen por incrementar su inversión en salud en al menos 2% del PIB y en utilizar los recursos de manera más eficiente. También, se sugiere/espera la creación de un órgano regulador de macroeconomía y salud que sea voz en la priorización de intervenciones eficaces y de bajo costo para llegar a la población más pobre.

Ustedes como activistas de la salud, ¿qué soluciones le propondrían a sus gobiernos para garantizar la universalidad de los servicios de salud?

Por: Fernanda Aldrette

Referencias:

(1) http://www.inegi.org.mx/eventos/2013/Desigualdades/doc/P-Robertovelez.pdf
(2) http://www.ceey.org.mx/site/movilidad-social/que-es-movilidad-social
(3) http://www.eumed.net/diccionario/definicion.php?dic=3&def=388
(4) https://www.apha.org/topics-and-issues/generation-public-health/what-impacts-our-health

Salud Pública: De la salud a la equidad sanitaria

La salud pública es aquella responsable de cuidar el bienestar de los seres humanos. Conviene subrayar que la responsabilidad es muy grande si consideramos los millones de personas que son parte de iniciativas como campañas de vacunación, restricción del consumo del tabaco, planificación familiar, estándares de agua, entre muchas otras de las necesidades del mundo. La misión de este sector más allá de hacer políticas y ofrecer servicios sanitarios, incluye además investigar los problemas actuales, e incentivar y educar constantemente a la población para mantenerla sana.

Por otro lado, lo que diferencia a la salud pública de áreas como la medicina, la odontología, la nutrición, el trabajo social, las ciencias del medio ambiente, la administración de servicios de salud, o los comportamientos sociales, es que se enfoca en la población entera más que en el individuo. Entre algunas de las acciones más destacadas tenemos la seguridad sanitaria en el agua que consumimos, prevenir la contaminación del aire y el suelo a través de controles regulatorios, la gestión de los residuos peligrosos, erradicar enfermedades que amenazan la vida como la viruela y la poliomelitis, el control y prevención de enfermedades infecciosas como sarampión, VIH, tuberculosis y hepatitis, etc.

El objetivo es brindarles una perspectiva general del tipo de habilidades, conocimientos y recursos que son necesarios para lograr el bienestar poblacional ¡y no está nada fácil! Peor aún si consideramos que el gasto total per cápita destinado a la salud en México, según el Banco Mundial, fue de apenas 6.2% en el 2013 con una ligera tendencia a la alta. Esto nos deja un reto muy claro: hacer más con menos. Correspondientemente, varias organizaciones sensibles y visionarias del sector privado han iniciado y orientando sus modelos de negocio a disminuir los costos en la atención sin sacrificar la calidad del servicio. Algunas otras, además de ofrecer un negocio que sea rentable, competitivo, y atractivo para inversionistas, son una opción viable en costo-beneficio para obtener licitaciones y asociaciones en un sector público que acumula varios problemas de gestión.

Personalmente, creo que el gran problema de la cobertura “universal” del Sistema de Salud, por ejemplo, tiene que ver con la gestión administrativa. Necesitamos como sociedad empezar a innovar con tecnologías que faciliten los procesos y los hagan más eficientes, además de crear nuevos enfoques de desarrollo para asegurar el bienestar: la inclusión de las tan sonadas  “determinantes sociales de la salud”. Para no perder la costumbre de “monopolizar”, la Organización Mundial de la Salud ha definido estas determinantes como las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen -incluido el sistema de salud, resultado de la distribución financiera, de poder y de recursos a nivel mundial/nacional/local-. Es decir, se consideran determinantes sociales de la salud a los ingresos, bienes, servicios e injusticias que afectan las condiciones de vida de una población (acceso a atención sanitaria, escolarización, educación, condiciones de trabajo y tiempo libre, vivienda, comunidades, pueblos o ciudades) y a la opción de tener una vida digna.

No es de extrañarse, además, que posterior a la creación de este concepto se fundó la Comisión sobre Determinantes Sociales de la Salud, para que ofreciera asesoramiento respecto a la manera de mitigarlas. Sinceramente, la estrategia aún me sigue pareciendo muy ambigua pero creo que será interesante analizar más adelante los progresos, porque si en algo estoy de acuerdo es que debemos empezar a abordar la salud desde una perspectiva integral. El enfoque parece bueno, las intenciones y resultados están por verse.

En consonancia con esto, lo que quiero subrayar es: ¡no todo está perdido! Si bien no somos responsables de las voluntades políticas y de los presupuestos nacionales asignados, esperemos que la reflexión y el cambio de prioridades inicie como se ha hecho en el caso de Nueva Zelanda, Dinamarca, Suiza o Canadá (por mencionar algunos). Está en nuestras manos compartir nuestra visión, actuar rápido y fundamentalmente con ética para que los recursos que seamos responsables de administrar, lleguen a quienes tienen que llegar, ¡la responsabilidad de fiscalizar es de todos!

Para concluir, les comparto una frase que aprendí de mi maestra de filosofía y que siempre intento tenerla presente:

“Si cada uno de nosotros hiciera los mínimo que nos corresponde hacer como individuos (el estudiante ser buen estudiante, el político ser buen político, el médico ser buen médico, etc.), tendríamos el mundo que queremos, pero si cada uno de nosotros hiciera tan sólo un poquito más de lo que nos corresponde hacer, tendríamos el mundo que soñamos”.

Con esta reflexión termino esperando que puedan compartir las suyas entorno a la equidad sanitaria en este espacio. Recuerden que todos tenemos algo que contar.

Por: Fernanda Aldrette

Referencias:

(1) http://www.facmed.unam.mx/deptos/salud/censenanza/spi/fundamentos/navarro.pdf
(2) http://www.who.int/social_determinants/es/
(3) http://www.who.int/social_determinants/final_report/media/csdh_report_wrs_es.pdf
(4) http://apps.who.int/iris/bitstream/10665/69405/1/GPW_ES_2006-2015_spa.pdf
(5) https://www.apha.org/what-is-public-health

Conoce más acerca de #ConstruyeSalud

Construye Salud es un espacio dedicado a compartir aprendizajes y experiencias entorno a la salud pública y el desarrollo social. Un sitio que nos ayude a tomar mejores decisiones en nuestros campos de acción.

Este blog surge por mi interés de sensibilizar sobre el derecho de la salud. Un derecho que no solamente debería estar garantizado para todos, sino que como activistas y tomadores de decisiones deberíamos impulsar con mayor fuerza. Además, analizar profundamente las acciones globales que se están desencadenando en relación al tema es imperativo. Por ejemplo, me resulta sumamente interesante la perspectiva antropológica de cómo la salud es tan poco valorada hasta que en algún momento se va. Ahí es cuando cambia todo. Parece contradictorio, como humanidad nos encontrarnos en una constante lucha por alargar nuestros días en la Tierra y al mismo tiempo nos comportarnos como si fuéramos seres eternos.

Es verdad que soy una apasionada de la salud pública y de actuar conforme a las ciencias biológicas, pero creo también que es importante pasar de la teoría a la acción y de la observación a la innovación. Por lo tanto, es mi intención que como activista de la salud, pueda aportar mis experiencias e invitarlos a cuestionarnos tantas cosas como podamos con el fin de que con más preguntas, tengamos más y mejores respuestas.

Construye Salud: este nombre lo escogí porque refleja aquello que les quiero transmitir. Nuestro mundo se construye por las conexiones que hacemos. Por esta razón, busco conectar y construir con ustedes desde México hasta cualquier parte del mundo. Este espacio es para conectar personas, conectar países, conectar iniciativas que puedan cambiar tu vida y la de tu comunidad, conectar intereses y finalmente construir. Construir, sobretodo, soluciones globales desde lo local, ya que si algo he aprendido en mi activismo en salud comunitaria es que muchas de las respuestas que buscamos están ahí en las mismas comunidades, en una casa, en una familia, en una persona. A veces, es más fácil si partimos de lo particular a lo general que viceversa, las dimensiones cambian al mismo tiempo que las complejidades.

Acompáñame en esta aventura en donde tú y yo construiremos para tener el mundo que soñamos, cambiando el pasado, pero forzosamente enseñando a construir el futuro. Si cada vez más personas nos unimos y compartirmos una visión, podremos influir en generar cambios consistentes.